Dilma Rouseff Entre machismo y misoginia

Dilma Rouseff Entre machismo y misoginia

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Niega la presidenta de Brasil haber cometido algún delito y enfatiza que no enfrenta cargos de enriquecimiento ilícito, desvío o lavado de dinero, como sí ocurre con muchos congresistas hombres.

El día que Dilma Rousseff asumió la presidencia de Brasil, pronunció un discurso ante el Congreso remarcando el valor histórico de ser la primera mujer electa para ese cargo.

“Vengo a abrir puertas para que muchas otras mujeres puedan, en el futuro, ser presidentas”, dijo aquel primero de enero de 2011.

“Y para que —en el día de hoy— todas las mujeres brasileñas sientan el orgullo y la alegría de ser mujer”.

Pero ahora, más de un lustro después, el Congreso está a punto de suspender a Rousseff, para juzgarla y eventualmente destituirla si la hallase culpable de violar una ley de responsabilidad fiscal.

Esto ocurre en medio de la peor recesión económica de Brasil en décadas y de un colosal escándalo de corrupción, problemas que han derrumbado la popularidad de la mandataria de 68 años.

Sin embargo, ministros del gobierno, congresistas y simpatizantes de Rousseff insisten en que hay otro fenómeno que explica la forma como ella está siendo tratada: el machismo brasileño.

La propia presidenta lo dijo el martes.

“Han mezclado en todo esto un gran prejuicio contra la mujer”, declaró en conferencia de prensa. “Hay actitudes conmigo que no tendrían con un presidente hombre”.

¿Es Rousseff víctima de machismo?

Aunque las mujeres son mayoría en la población brasileña (51 por ciento según la oficina nacional de estadísticas IBGE), dentro del Congreso solo ocupan cerca de 10 por ciento de los 594 escaños de ambas cámaras.

La tasa de mujeres en el Legislativo de Brasil es inferior a varios países de la región y del mundo, incluso al promedio de naciones de Oriente Medio, indicó el año pasado la Unión Interparlametaria.

Entre las diputadas mujeres, el juicio político a Rousseff tuvo 29 votos a favor y 20 en contra: una mayoría que estuvo lejos de alcanzar los dos tercios de respaldo que sí logró en toda la Cámara, según Agencia Brasil, un servicio estatal de noticias.

El proceso pasó al Senado, que prevé definir en mayo por mayoría simple si suspende a Rousseff por hasta 180 días, mientras la juzga por presunto uso ilegal de dinero de bancos públicos para maquillar el déficit fiscal.

La presidenta niega haber cometido algún delito y enfatiza que no enfrenta cargos de enriquecimiento ilícito, desvío o lavado de dinero, como sí ocurre con muchos congresistas.

En caso de ser removida del cargo, sería sustituida por su vicepresidente Michel Temer, a quien acusa de conspirar contra ella.

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